Cuando las cosas se ponen difíciles, solo hay dos opciones

cuando las cosas se ponen dificiles solo hay dos opciones

 

La semana pasada regresamos de nuestro viaje a la Conferencia de la Familia de Remanse de Casiquiare. Fue un viaje espectacular en lo personal, viendo la mano del Señor en cada momento, pero también ha sido uno de los viajes más duros de los que yo recuerdo.

 

Desde el primer momento, tuvimos problemas con la gasolina, con los motores, con el transporte… tuvimos que caminar durante un día completo para hacer un trayecto entre Yavita y Maroa en el que normalmente invertimos 3 ó 4 horas en camión, cargando con nuestros bolsos en una carretilla.

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Fue duro, muy duro. Físicamente, mentalmente y espiritualmente.

 

Y en esos momentos que vivimos durante nuestro viaje, solo teníamos dos opciones: seguir o abandonar. Nosotros decidimos seguir… y vivimos la recompensa de ver personas pasando de muerte a vida, de ver hermanos animados en su fe, de ver hombres y mujeres haciendo cambios en sus vidas por medio de la guía del Espíritu Santo.

 

Esas mismas opciones a las que nosotros nos enfrentamos, son las mismas opciones con las que el creyente se enfrenta todos los días. Porque, seamos sinceros, la vida se pone difícil, especialmente cuando uno está firme en el Señor y desea obedecerle y servirle.

 

Esta experiencia vivida en la selva me está ayudando a seguir, a perseverar en la vida diaria junto a mi familia. Y es que las cosas, se han puesto más que difíciles para nosotros. Nuestras dos vías de sustento están cerradas: las agencias que nos cambiaban las ofrendas que nos llegan a nuestra cuenta en España ya no están trabajando con bolívares. Tan solo una de ellas cambia los euros a bolívar oficial, que es una décima parte de su valor real. Y el carro con el que yo he estado trabajando todos estos años y que ha sido nuestro principal sustento familiar y ministerial lleva varado desde abril por repuestos que, en la situación actual de Venezuela, ni siquiera se consiguen comprar.

 

Mi esposa me decía en estos días que está tranquila y confiada en el Señor… pero con ese sustito en el estómago que se te pone cuando ves el abismo debajo de tus pies y sabes que estás caminando sin red.

 

Nosotros no tenemos ni idea de qué va a pasar, de cómo vamos a vivir en este tiempo…pero Dios sí lo sabe. Hace poco hablábamos con una persona que nos acusaba de falta de fe y que nos preguntaba si Dios en algún momento hizo faltar algo. Después de tantos años en el ministerio puedo responder que sí. Que Dios ha hecho faltar algunas cosas…pero que también eso es parte de Su escuela, de Su enseñanza para nuestras vidas.

 

No siempre nos ha dado lo que queríamos o lo que pensábamos que necesitábamos, pero siempre nos ha dado lo que Él sabía que nos hacía falta, que son cosas distintas.

 

1 Timoteo 6:6-8

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;

porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

 

El contentamiento nace de la fe, no de los recursos. El contentamiento es reconocer que lo que tienes viene de Dios, que Él ha suplido, mucho o poco, conforme a Su voluntad y que Su voluntad es perfecta.

 

Pablo dice en Filipenses 4:12 “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

 

Y ese “sé” viene de la experiencia personal. Podría traducirse como un “he aprendido”. Pablo está diciendo: de todo lo que he vivido, de todo lo que he sufrido, de todo lo bueno y lo malo que he experimentado, he aprendido. He aprendido a estar contento en el Señor…

 

…y he aprendido que todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13)

 

He aprendido que para poder estar contento en cualquier situación necesito ser fortalecido por el Señor Jesucristo.

 

Así que, en este tiempo de extrema dificultad, la respuesta de mi familia y mía al dilema de si seguimos o abandonamos es, obviamente, que seguimos.

 

Hasta que el Señor quiera.

 

Y les pido sus oraciones para que podamos seguir siendo sensibles a la voz del Señor en cada momento, para que sigamos aferrados a Él y a Su voluntad para nuestras vidas sin desviarnos a derecha ni a izquierda, para que Él pueda proveer para nuestras necesidades como familia y para seguir haciendo este ministerio hermoso que Él nos ha dado.

 

El próximo mes me han invitado a compartir la Santa Cena con los hermanos de Ucaquén, en el Río Atabapo y darles  algunos estudios bíblicos que tanto necesitan. A fecha de hoy no tengo como ir. Pero por fe, les digo que estaré allí. No dejen de orar por nosotros, por favor.

 

Bendiciones para todos,

 

Maracucho

 

 

***Disclaimer – como en todas las entradas firmadas por Maracucho, la idea del artículo y el contexto son de él, pero la ejecución final (el armado y la edición) son de Edurne.


4 thoughts on “Cuando las cosas se ponen difíciles, solo hay dos opciones

  1. Desde Chile oraré pos ustedes. Un abrazo fraternal, y muchas gracias, de verdad muchas gracias, porque desde mi amado país a veces nos complicamos tanto, pero vuestras necesidades superan nuestros límites de entendimiento actual por el que ustedes atraviesan, y esto hace que me sienta avergonzada. Su valentía y empeño en darle batalla a la vida me motiva a explotar mis dones, me refuerza el entendimiento de seguir por el camino angosto.
    Un abrazo con todo mi amor, me despido con la seguridad de que Dios jamás abandona a quienes le honran.

  2. Soy una hermana de Tenerife, España, que os sigue, y desde aquí oro por ustedes para que el Señor os colme de su gracia y misericordia, y que os dé consuelo en los momentos duro. Un abrazo fuerte y ánimo.

  3. Un gusto conocer a la Familia Nieves. Ustedes son ejemplo de la muestras de amor que cada día nos regala el Señor. Gracias por compartir este viaje, viaje que todos vivimos en nuestra vida. Viaje que debemos de hacer a diario para alcanzar la paz, que solo el Señor sabe darnos.

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